Como dice el proverbio, lo bueno si breve dos veces bueno. Y así fue el congreso extraordinario del PSOE de Málaga, que se liquidó en un pispás, tras los discursos de Rafael Velasco y Miguel Ángel Heredia, y las preceptivas votaciones de la resolución de apoyo unánime al compañero Griñán y la elección con el 96,78 por ciento a lista de delegados que viajará a Sevilla para asistir al relevo en la secretaría general del PSOE andaluz. “Está todo encauzado” decía en los pasillos un sonriente Francisco Conejo, que no disimulaba la satisfacción por el objetivo cumplido.
A este cónclave de Mijas se llegaba con la tranquilidad que otorga el tener resuelto, antes de empezar, el final de la escena. Gracias a un argumento que se ha ido tejiendo poco a poco y que es fruto, según sus impulsores, de un trabajo de integración en una nueva mayoría en base a un proyecto político. El mismo Griñán gusta de poner como ejemplo, entre los suyos, el modelo que se ha ido abriendo paso en Málaga.
Los frutos se ven con claridad en la única lista de delegados que se presentó. Al margen de que cerca del 90 por ciento de sus 63 integrantes estén comprometidos con esa nueva mayoría, quizá lo más destacable sea que en el listado se visualice, por primera vez en dos años, que Heredia, los suyos y sus socios, no sólo tienen el poder institucional sino también una excelente implantación orgánica, sin necesidad de apoyos prestados.
El secreto de la fórmula puede estar en el principio que el secretario general del PSOE de Málaga repite con frecuencia, la familia que trabaja unida, vive unida. Aunque sería de cándidos ignorar que, como en cualquier grupo familiar, existen problemas y a veces grandes conflictos.
En esta ocasión hasta el que se suponía como el sector con posturas más alejadas de las tesis oficiales, el que lidera Salvador Pendón, no ha querido hacer sangre. Y lo explicaba muy bien uno de los hombres más cercanos al presidente de la Diputación, que en los pasillos del CIO de Mijas decía que en realidad las diferencias que separan a ambos grupos son de matiz y superables, teniendo en cuenta que lo que ahora se dirimía era el cierre de filas entorno a la figura del actual presidente de la Junta de Andalucía.
Lo más difícil empieza a partir de ahora, cuando unos y otros intenten, con todos los medios a su disposición, hacerse valer ante Griñán para ocupar las parcelas de poder a distribuir. Y aquí los ‘pendonistas’ no parece que vayan a ceder en el empeño. En su argumentario admiten hasta que las piezas son recambiables, a veces un cambio necesario, pero quieren mantener su peso. Las dudas a este respecto pudieron ser, es un suponer, el motivo de las caras que con cierta crispación mostraron en los pasillos Pendón y Marisa Bustinduy, mientras corrían para poder votar, ya que distraídos se les agotaba el plazo para depositar la papeleta en la urna.
Con la llegada de los nuevos tiempos que se abrirán en el PSOE de Andalucía a partir de la próxima semana, también llegan nuevas caras. Por ejemplo, en el cónclave de ayer sábado se puso rostro a Antonio Lozano Peña, viceconsejero de la Presidencia, que aunque casi nadie lo sabía hasta ahora, milita en la todopoderosa y conflictiva agrupación Centro de la capital malagueña. A Lozano, que se le sentó en la mesa que dirigió el congreso, se le sitúa en el círculo más cercano a Griñán y hay quien le contempla como uno de sus hombres fuertes en Málaga.
Por cierto, que en las próximas semanas no habrá que perder de vista la citada agrupación Centro donde se prepara el relevo en su dirección para oficiar un pacto aglutinador que satisfaga a los descontentos, una situación que aseguran que tuvo poco que ver con la ‘bofetada’ a José María Martín Delgado, más ligada a las rencillas personales que al equilibrio de poderes.
El REMATE: Internacional
Los militantes del PSOE malagueño deberán estudiarse y aprender la letra de “La Internacional”. Esta es la recomendación que hizo el presidente de la mesa del congreso del PSOE, que para ayudar a entonar el himno socialista a los delegados hizo uso de una grabación, aunque al final, con bastantes puños en alto, los técnicos bajaron el sonido y se cantó ‘a cappella’. Hay que decir que este singular karaoke no sonó mal y es un buen camino para recuperar los símbolos de identidad.